PRODUCCIÓN SIMBÓLICA · ARTÍCULO 4

Registro imaginal

Una lectura sobre las imágenes como formas de conservación de experiencia, productoras de nuevas simbolizaciones y parte posible de la continuidad terapéutica.

Tiempo estimado de lectura: 8 minutos Biblioteca PAIA Producción simbólica

1. La imagen y la producción de simbolizaciones

¿Por qué los seres humanos conservamos imágenes?

La pregunta puede parecer sencilla, especialmente en una época donde tomamos fotografías de manera constante. Registramos paisajes, personas, objetos, momentos familiares, acontecimientos importantes e incluso situaciones cotidianas que podrían parecer insignificantes para cualquier observador externo.

Sin embargo, si observamos con atención, descubrimos que no todas las experiencias son conservadas de la misma manera. Algunas son relatadas, otras son escritas y algunas terminan formando parte de nuestros sueños.

La tendencia a representar visualmente aspectos de la experiencia humana parece acompañarnos desde tiempos muy antiguos. Las pinturas rupestres constituyen uno de los ejemplos más tempranos de ello. Más allá de las múltiples interpretaciones que existen sobre su significado, resulta llamativo observar que gran parte de estas representaciones muestran animales, escenas de caza y elementos del entorno cotidiano de quienes las realizaron.

Quizás antes de preguntarnos qué significaban aquellas imágenes, podamos formular una pregunta más sencilla: ¿qué llevó a esas personas a representarlas?

Desde esta perspectiva, las imágenes pueden pensarse como una de las formas mediante las cuales los seres humanos conservan aspectos de su experiencia.

A diferencia del registro onírico, donde el trabajo suele comenzar con una experiencia que intenta ser evocada posteriormente, el registro imaginal parece vincularse con otro movimiento. No se trata necesariamente de recuperar algo que se está perdiendo, sino de conservar algo que está siendo vivido. La fotografía de un paisaje, el dibujo realizado durante un viaje, una imagen creada para representar una idea. La escena cotidiana que alguien decide registrar porque considera que merece ser conservada. En todos estos casos, la imagen parece cumplir una función particular: permitir que una experiencia encuentre una forma de permanencia.

Sin embargo, el interés por las imágenes no se limita a aquello que conserva. Una imagen también puede generar nuevas producciones simbólicas y puede dar lugar a recuerdos, asociaciones, relatos, sueños o nuevas imágenes.

Quizás por esta razón resulte más apropiado pensar las imágenes no solamente como representaciones, sino también como productoras de simbolizaciones. Y tal vez sea precisamente allí donde reside su interés clínico y la razón por la cual ocupan un lugar particular dentro del modelo PAIA.

2. La imagen como productora de simbolizaciones

Cuando una persona conserva una imagen, podría pensarse que el proceso concluye allí. La experiencia ha sido registrada y la imagen permanece disponible para ser observada nuevamente cuando lo desee. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece mostrar algo diferente.

Las imágenes no permanecen necesariamente inmóviles dentro de la vida psíquica de una persona, con frecuencia continúan produciendo efectos mucho tiempo después de haber sido conservadas. Pensemos que una fotografía tomada durante un viaje puede despertar recuerdos que parecían olvidados o la imagen de una persona significativa puede dar lugar a nuevas asociaciones. También una pintura observada durante algunos minutos puede permanecer en la memoria durante años, incluso una imagen creada deliberadamente para representar una idea puede transformarse posteriormente en punto de partida para nuevas reflexiones o nuevas producciones simbólicas.

Lo interesante aquí es que la imagen parece hacer algo más que conservar una experiencia. También parece poseer la capacidad de generar nuevas formas de representación. En la literatura encontramos ejemplos de que una fotografía dio lugar a un relato con tono afectivo o una reconstrucción histórica de algún evento sucedido con anterioridad.

Una imagen puede despertar recuerdos que generan nuevas imágenes. Algunas de estas imágenes pueden reaparecer posteriormente bajo la forma de una producción onírica. — Registro imaginal

Entonces desde esta perspectiva, el valor de una imagen no reside únicamente en aquello que representa, sino también en aquello que es capaz de poner en movimiento. Por esta razón resulta insuficiente pensar las imágenes solamente como representaciones visuales. En muchos casos funcionan también como productoras de nuevas simbolizaciones.

Lo que inicialmente parecía una simple conservación de la experiencia puede transformarse con el tiempo en el punto de partida de nuevas elaboraciones, nuevos relatos, nuevas imágenes o nuevas formas de simbolización.

Tal vez allí resida uno de los aspectos más interesantes del registro imaginal. La imagen no solamente conserva algo que fue vivido. También puede convertirse en origen de nuevas experiencias simbólicas.

3. ¿Pueden las simbolizaciones transformarse?

Quizás una de las situaciones más curiosas que podemos observar en la experiencia cotidiana sea que las distintas formas de simbolización rara vez permanecen completamente aisladas entre sí.

Una fotografía observada años después puede despertar recuerdos que parecían olvidados. Esos recuerdos pueden dar lugar a nuevas imágenes, a conversaciones, a relatos o incluso reaparecer posteriormente dentro de una producción onírica.

Del mismo modo, un sueño puede ser contado, escrito o compartido con otras personas, transformándose progresivamente en una narración. Un relato significativo puede generar nuevas imágenes. Y algunas imágenes pueden permanecer durante años produciendo nuevas asociaciones cada vez que son observadas.

Lo interesante es que, en todos estos casos, la experiencia inicial parece conservar cierta continuidad mientras la forma mediante la cual se representa va cambiando. Aquello que inicialmente apareció bajo la forma de una imagen puede transformarse posteriormente en un sueño. Un sueño puede convertirse en relato. Y un relato puede dar lugar a nuevas imágenes.

Desde esta perspectiva, quizás resulte útil pensar los distintos registros de simbolización no como compartimentos cerrados, sino como formas predominantes mediante las cuales una experiencia encuentra representación en distintos momentos de su recorrido.

Más que categorías aisladas, los registros parecen participar de una dinámica donde unas simbolizaciones pueden dar origen a otras, generando nuevas formas de representación a lo largo del tiempo.

4. El interés clínico del registro imaginal

Si aceptamos que las imágenes pueden conservar experiencias y generar nuevas simbolizaciones, entonces aparece una pregunta inevitable.

¿Qué interés puede tener esto para la práctica clínica?

Durante mucho tiempo, distintas escuelas de la psicología han prestado atención a las imágenes. Algunas las han utilizado como herramientas diagnósticas. Otras las han considerado vías de acceso a determinados aspectos de la vida psíquica. También existen enfoques que han explorado el valor terapéutico de la creación artística y de la producción visual.

Sin embargo, el interés clínico del registro imaginal no depende necesariamente de una teoría particular sobre el significado de las imágenes.

Quizás resulte posible formular una pregunta más sencilla.

¿Qué ocurre cuando una persona considera que una imagen es lo suficientemente significativa como para conservarla?

La decisión de guardar una fotografía, realizar un dibujo, producir una imagen o volver reiteradamente sobre una representación visual determinada constituye, en sí misma, un fenómeno digno de observación. Las imágenes forman parte de las maneras mediante las cuales las personas organizan, conservan y elaboran aspectos de su experiencia.

Por esta razón, el registro imaginal puede ofrecer al trabajo clínico una vía adicional para observar determinados procesos de simbolización.

En ocasiones aquello que no aparece inicialmente bajo la forma de un relato puede manifestarse a través de una imagen. En otras, una imagen puede transformarse posteriormente en relato, en recuerdo o en nuevas producciones simbólicas.

Desde esta perspectiva, el interés clínico no se encuentra únicamente en la imagen misma, sino también en los recorridos simbólicos que esa imagen puede generar a lo largo del tiempo.

5. El registro imaginal dentro del modelo PAIA

Tradicionalmente, muchas de las imágenes significativas producidas por una persona permanecen fuera del espacio clínico. Fotografías, dibujos, representaciones visuales o imágenes creadas para expresar una experiencia determinada suelen formar parte de la vida cotidiana sin encontrar necesariamente un lugar dentro del proceso terapéutico.

En otros casos, las imágenes llegan a la sesión únicamente a través del relato posterior que la persona realiza sobre ellas. El profesional conoce la experiencia mediante la narración que se construye alrededor de la imagen, pero no siempre tiene acceso a la producción visual original ni a los recorridos simbólicos que pudo generar con el paso del tiempo.

Desde la perspectiva del modelo PAIA, las imágenes pueden ser pensadas como una forma legítima de producción simbólica susceptible de ser conservada dentro de la continuidad terapéutica. El interés no reside únicamente en la imagen aislada ni en la búsqueda inmediata de un significado oculto, sino en la posibilidad de observar las transformaciones simbólicas que pueden surgir a partir de ella.

Una imagen significativa puede permanecer disponible para ser retomada posteriormente por la propia persona y dar lugar a nuevas asociaciones. Puede relacionarse con producciones oníricas posteriores y transformarse en relato. Asimismo, puede adquirir nuevos sentidos a medida que avanza el proceso terapéutico.

Desde esta perspectiva, el registro imaginal no constituye solamente una forma de conservación de experiencias. También ofrece la posibilidad de acompañar los recorridos simbólicos que determinadas imágenes producen a lo largo del tiempo.

El modelo PAIA incorpora esta posibilidad dentro de una lógica de continuidad terapéutica, permitiendo que ciertas producciones visuales significativas no dependan exclusivamente del recuerdo o del relato posterior para formar parte del trabajo clínico. Las pone a disposición del paciente, quien decide integrarlas o no al tratamiento que realiza.

Quizás una de las contribuciones más importantes de esta perspectiva consista en ampliar las formas mediante las cuales una experiencia puede encontrar inscripción, permanencia y elaboración, respetando al mismo tiempo la autonomía de la persona sobre sus propias producciones simbólicas.

Hoy las personas producen y conservan imágenes de manera permanente. Teléfonos móviles, cámaras digitales y herramientas de creación visual han multiplicado enormemente esta posibilidad. Sin embargo, más allá de los cambios tecnológicos, la pregunta parece seguir siendo la misma. ¿Qué experiencias elegimos conservar? ¿Qué imágenes vuelven a ser observadas con el paso del tiempo? ¿Qué nuevas simbolizaciones pueden surgir a partir de ellas? Quizás estas preguntas permitan comprender por qué las imágenes continúan ocupando un lugar tan importante dentro de la experiencia humana.

Lic. Jorge Eduardo Rija
Psicólogo
Autor del Modelo PAIA
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