Cuando el sujeto habla desde otro tiempo
En la práctica clínica estamos acostumbrados a escuchar relatos sobre el pasado. Los pacientes recuerdan escenas de infancia, vínculos significativos, pérdidas, conflictos familiares o acontecimientos que dejaron marcas en sus vidas.
Sin embargo, una observación más detenida permite advertir que no siempre es suficiente preguntarse qué ocurrió. En ocasiones resulta igualmente importante preguntarse desde qué tiempo está siendo contado aquello que ocurrió.
Esta diferencia constituye el punto de partida de lo que denominamos temporalidad del discurso.
Hablar sobre el pasado o hablar desde el pasado
No es lo mismo recordar una experiencia pasada que hablar desde una subjetividad perteneciente a ese tiempo.
Una persona puede decir: “Cuando tenía ocho años vivía en un barrio pequeño. Hoy recuerdo aquellos años con mucho cariño”. En este caso, el acontecimiento pertenece al pasado, pero quien organiza el relato es la subjetividad actual.
Pero también puede ocurrir que alguien diga: “Eso ocurrió a dos cuadras de mi casa”. La referencia “mi casa” puede no corresponder a la vivienda actual, sino a aquella desde la cual se encontraba organizado su mundo en el momento de la experiencia evocada.
No se trata simplemente de un recuerdo. Por un instante, el discurso parece haberse desplazado hacia otro tiempo. El sujeto no sólo habla acerca de una experiencia pasada. Habla desde ella.
Posición narrativa y posición subjetiva
Para comprender este fenómeno proponemos distinguir dos dimensiones diferentes del discurso.
La posición narrativa responde a la pregunta: ¿de qué tiempo habla el relato?
La posición subjetiva responde a una pregunta distinta: ¿desde qué tiempo habla el sujeto mientras relata?
Ambas dimensiones pueden coincidir o no. Un sujeto puede narrar una experiencia infantil desde una posición subjetiva adulta. Pero también puede ocurrir que determinadas referencias espaciales, afectivas o vinculares indiquen que algo de aquella organización subjetiva continúa activo durante la narración.
El tiempo que permanece activo
Cuando un sujeto habla desde una temporalidad pretérita no sólo reaparece un recuerdo. Frecuentemente reaparecen elementos asociados a la experiencia original: emociones, imágenes, sensaciones corporales, percepciones espaciales, recuerdos visuales e incluso olores o tonalidades afectivas.
La temporalidad del discurso no debe entenderse como un fenómeno exclusivamente lingüístico. Las marcas temporales presentes en el relato pueden constituir indicadores de configuraciones subjetivas que continúan activas en la vida psíquica.
Trauma y temporalidad
La comprensión de los fenómenos traumáticos ofrece un ejemplo particularmente claro. Con frecuencia los síntomas actuales no remiten de manera evidente al acontecimiento que les dio origen. Las causas permanecen parcialmente ocultas, mientras sus efectos continúan manifestándose a través de diferentes formas de sufrimiento.
Sueños recurrentes, temores persistentes, respuestas emocionales intensas, repeticiones vinculares y escenas que regresan bajo distintas formas pueden funcionar como vías de presentación de aquello que aún busca elaboración.
Desde esta perspectiva, la temporalidad del discurso puede constituir una vía de acceso privilegiada. Cuando determinadas temporalidades reaparecen una y otra vez en sueños, imágenes, narrativas o escenas cotidianas, el terapeuta dispone de indicios para orientar la exploración clínica hacia experiencias que continúan activas más allá de su distancia cronológica.
Una diferencia con Eric Berne
La idea de observar desde dónde habla una persona tiene antecedentes importantes. Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, propuso identificar los estados del yo desde los cuales se producen las comunicaciones humanas: Padre, Adulto y Niño.
Su formulación permitió comprender que muchos conflictos vinculares dependen no sólo de lo que se dice, sino también de la posición subjetiva desde la cual se emite un mensaje.
La temporalidad del discurso comparte con Berne el interés por identificar el origen de la enunciación, pero introduce una pregunta diferente.
Mientras Berne se preguntaba quién habla, la temporalidad del discurso propone preguntarse desde cuándo habla.
La cuestión no consiste únicamente en identificar una posición estructural del yo, sino también la temporalidad subjetiva desde la cual el discurso se encuentra organizado.
La organización registral como herramienta clínica
Diversos autores provenientes del psicoanálisis han señalado la importancia del tiempo psíquico y la persistencia de experiencias tempranas en la vida subjetiva. Sin embargo, la propuesta desarrollada aquí incorpora un elemento adicional: la organización registral de las producciones simbólicas.
Cuando sueños, imágenes, escenas y narrativas son conservados longitudinalmente, comienzan a aparecer regularidades difíciles de advertir en el intercambio clínico inmediato.
Determinadas temporalidades reaparecen una y otra vez. A veces cambian los contenidos, los personajes y los escenarios. Pero permanece una misma organización temporal.
Conclusión
Escuchar un discurso implica escuchar mucho más que los acontecimientos que son narrados. Implica escuchar también las temporalidades que organizan la experiencia.
La posición narrativa permite identificar el tiempo al que pertenece una historia. La posición subjetiva permite reconocer el tiempo desde el cual esa historia está siendo relatada.
Los seres humanos no sólo contamos historias. También hablamos desde los distintos tiempos que continúan habitándonos.
Referencias breves
Berne, E. (1961). Transactional Analysis in Psychotherapy. Grove Press.
Berne, E. (1964). Games People Play. Grove Press.
Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar.
Freud, S. (1915). Lo inconsciente.
Lacan, J. (1945). El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada.
Winnicott, D. W. (1974). Fear of Breakdown.